Esas cosas raras que le pasan a uno


Me pasó algo totalmente, no sé si es la palabra que busco, pero es la palabra que me viene a la cabeza: surreal.

Estaba en mi casa, durmiendo. Algo raro en mí, por supuesto. Estaba soñando en algo medio extraño. Soñaba que estaba durmiendo en una playa, soñando con algo que no recuerdo. Me despertaba (en la playa) pero como si algo me hubiera lanzado a ella.

De un momento a otro, estaba vestida de traje intentando alagar a alguien. Hace unos minutos recordaba quien era ese alguien. Supongo que era alguien importante. Ah, sí, creo que era un presidente. Que me comenzó a preguntar algunas cosas de lo que yo pensaba de la situación.

Pensé que me estaba volviendo loca, pero el momento parecía muy real. Sentía el calor que hacía en el lugar en donde me encontraba, las luces de los flashes que enfocaban a la caravana presidencial, los ruidos de las sirenas policiales abriendo paso para que pase el presidente… montado en una moto? Ahí empecé a dudar. Más todavía cuando YO también estaba en una moto, con uno de los guardaespaldas.

Levanté la mirada y la gente intentaba estirarme de la moto. Eran tipo fans del presidente (?) que supongo que me tenían envidia o algo por el estilo. Me acuerdo que pensaba en donde se publicarían las fotos que se sacaban. Entonces sentí que alguien me abrazaba desde atrás. Pero era un abrazo.. cariñoso nada más.

Cuando me di vuelta para ver quién era, porque suponía que era mi guardaespaldas el responsable de ese abrazo… me desperté.

Abrí los ojos muy despacio, porque.. había sido un sueño muy raro, pero a la vez muy real. Pero.. alguien seguía abrazándome  cuando di vuelta, en la cama, descubrí al picarón de mi hermano más chico intentando hacerme cosquillas. Cuando se vió descubierto salió corriendo.

Me levanté y encontré mis lentes de sol en la cama.. llenos de arena! Esto era muy loco ya, porque hasta donde yo me acordara no había ido a ningún lugar con arena últimamente, exceptuando mi sueño. Salgo de la pieza – de mi antigua casa, prohibido preguntar qué hacía ahí – y mi hermano (no el más chico, el que me sigue de edad) me invita a un festival que hay en una ciudad del interior.

Supongo que porque no tenía nada que hacer ese día, era un sábado, le dije que sí. Fuimos, no me acuerdo mucho del viaje. Seguramente dormí. Y llegamos a un edificio enorme, medio escalofriante. Menos mal que era de día.

Tenía muchos pisos, no los conté, pero más de diez seguro. Para ingresar al “festival” pasabamos por un lobby, un pasillo corto que daba a un patio interno (muy chico) del lado izquierdo, y al final del pasillo una puerta de hierro cerrada. Nos abrieron unas chicas, que supongo que eran amigas de mi hermano, y nos hicieron pasar a un auditorio enorme (acorde a las dimensiones de todo el edificio).

Como nadie me decía nada, supuse que el edificio era un colegio o algo por el estilo, y era un festival de “baile” (?). Estaban practicando, no había casi gente en el público pero el festival ya iba a comenzar. Mi hermano se encargaba del sonido o algo así, yo me quedé con él, adelante.

En eso veo a las chicas que estaban todas nerviosas, intentando ayudar les pregunto que pasó y me dicen que una de las chicas estaba llegando tarde. No soy una luz bailando, pero digamos que me defiendo aunque sea copiando pasos. Me ofrecí a reemplazarla hasta que llegara.

Eufóricas me agradecieron y me puse el traje correspondiente, que en realidad era un accesorio nomás, mis jeans y remera naranja estaban bien.

Comenzó el festival, yo incluída en el baile de entrada. No digo que me salió espectacular, porque había partes que no eran iguales era tipo en canon o algo así, y bueno le pifié una que otra vez. Pero no estaba tan mal.

Supongo que me emocioné, no me dí cuenta que bailé como tres músicas, la chica a quien reemplazaba ya se había integrado al escenario y yo seguía. Todas me miraban raro, yo no entendía nada, hasta que de muy mala manera (considerando que yo me había ofrecido para ayudar) me dijeron que me baje del escenario “por favor”.

Enojadísima, supongo que también exageré un poco, me fui por la puerta de hierro hacia el lobby. Antes de llegar, cuando estaba frente al patio interno veo venir a una señora desde el lobby, medio preocupada, creo.

No sabría como describir a la señora, puedo decir tal vez que no era ni gorda ni flaca, tendría unos cincuenta años y tenía el pelo recogido en un rodete. Miraba a todos lados hasta que me miró fijamente. Me preguntó qué es lo que había en el auditorio, enojada como seguía yo, le contesté que un festival de porquería.

Entonces de la nada me dice, ojalá lo pueda encontrar hoy. Yo así “Ok, la señora está medio loca, habla sola, mejor me voy.” Le pregunté, por cortesía, qué estaba buscando.

– No escuchaste sobre el niño del lago? – me pregunto toda misteriosa.

Ciertamente había escuchado algo durante el viaje hasta ahí y antes de que comenzara el festival sobre una leyenda del colegio, famoso nene que muere ahí y se queda o algo así.

– Es cierto. – me dice.

Yo no quería ser maleducada con la señora, pero digamos que no creo mucho en esas cosas de leyendas.

Entonces se asoma al patio interno, mira hacia arriba, de repente su cara se ilumina y toda emocionada me susurra:

– Mirá.

Como no tenía otra cosa que hacer en ese preciso momento, me asomé y miré hacia arriba. Lejos de iluminarse estuvo mi cara al ver lo que ví. Lo tengo hasta ahora en mi mente. En la esquina del último piso, a través de una ventana podía verse el torso de un nene que miraba hacia abajo y nos sonreía.

Pálida del susto me “desasomé” y quise salir corriendo. La señora seguía emocionada, me contó algunas cosas que yo apenas escuché, pero capté algunos trozos como “su mamá cada vez que alguien lo ve se aparece para agradecerte”, “no todo el mundo lo puede ver”, “esto es un milagro”, “vive en un lago”, “quiero conocerlo”.

Lo único que yo podía pensar es “esto es una pesadilla, me voy a pellizcar”. De hecho me pellizqué, lo único que logré es gritar porque me había dolido.

Sin que se me haya pasado la conmoción de la nada se abre una puerta que había en el pasillo y sale una señora gris. Es esa la descripción que puedo hacer de la señora, era gris. Tenía colores oscuros y todo, pero parecía que salió de una película de antes.

Su semblante era triste, pero cuando nos miró tenía una sonrisa en la cara. Extendió la mano, le dió a la señora un rosario viejo, se notaba que había sido usado. La miró de nuevo, le dijo, “gracias por haberlo encontrado, recen por su alma”. Cerró la puerta y desapareció (supongo, porque no abrí la puerta de nuevo para ver si seguía ahí).

Más que asustada intenté volver al auditorio, pero aunque golpeaba la puerta de hierro nadie me abría. Además me había olvidado el celular ahí.

Di vuelta hacia la señora que no podía salir del estado de shock en el que estaba. Le pregunté si estaba bien, afirmó con la cabeza y comenzó a caminar hacia el lobby indicándome que la siguiera.

Yo sé que estoy loca con muchas cosas que hago, pero hasta ese punto creo que ya era mucho. Sin embargo, la seguí, con miedo.

Llegamos a una escalera, que al llegar no había visto. Comenzamos a subir y nos topamos, nada más y nada menos que con “el niño del lago”. Fue raro, porque a pesar de un breve susto al ver a un niño gris con el pelo colorado y pecas, no me asusté tanto como cuando lo ví en la ventana.

Muy amablemente nos sonrió y nos invitó a que siguiéramos subiendo. Era una escalera de hierro, de esas que hacen ruido. Eran muchos escalones, pero me acuerdo que rápidamente estuvimos frente a un portón altísimo que tenía un feroz candado.

De un momento a otro llegamos, a través de muchos pasillos, al último aula del edificio. Parecía normal, pero al pasar por la puerta te invadía un olor a.. agua estancada. No era del todo desagradable, es decir “se podía estar”, pero te dabas cuenta que era ese olor.

En una de las esquinas, había un inodoro, una bañera y una ducha. Éstas últimas sobre una pared muy descuidada, sin algunos ladrillos. Nos dió la bienvenida muy amablemente y nos dijo que hace mucho tiempo que no lo veían. Solté una risita nerviosa.

– ¿Ppor qué te llamás el niño del lago? – le pregunté

Apareció una sonrisa en su cara gris y se dirigió a la otra punta del aula.

– Porque estamos sobre uno.

Por un momento comencé a pensar que mientras bailaba me había golpeado la cabeza.

– Ayúdenme y lo verán – nos dijo a la señora y a mí, comenzando a sacar el piso.

Me invadió de pronto una alegría inexplicable, comencé a sacar también el piso. El olor se empezó a marcar mucho más. Pero mi ser comunicativo me estaba hincando, cómo iba a decirles a todos que esto había pasado? Entonces le pregunté muy respetuosamente si podía ir a buscar mi celular abajo. Me sonrió afirmando con la cabeza.

Cuando estaba saliendo por la puerta, la señora me agarró de los pelos y me dijo que no podía. Le pregunté muy tranquilamente por qué.

– Nadie lo ha visto en un tiempo, la experiencia la tiene que vivir cada uno, no puedes ir mostrando fotos del niño del lago… – siguió con la perorata, pero detrás de ella el niño seguía afirmándome con la cabeza, indicando que podía irme.

Me fui finalmente, pasé todos los pasillos, llegué al portón de hierro, intenté treparlo cuando me di cuenta de que había quedado sin candado, comencé a bajar la escalera y en un santiamén estaba frente a la puerta de hierro del auditorio.

Toqué el timbre, me abrieron y tomé rápidamente el celular. Salí casi corriendo, no sin antes dar un vistazo al auditorio que ahora estaba lleno, pero ellos no estaban viendo lo que yo había visto arriba….

…de la nada, me desperté. Sí, me desperté en mi departamento esta vez. Abriendo y cerrando los ojos una y otra vez intentando cerciorarme de que esta vez no era un sueño.

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Comments
3 Responses to “Esas cosas raras que le pasan a uno”
  1. Gabo dice:

    Un sueño dentro de otro sueño…. Wow

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